La conexión con lo divino,

es la única forma posible de caminar sin perder el verdadero propósito de tu vida.

La condición es vivir desprendido de todo resultado,

desnudo de todo juicio y en pleno estado de confianza

de que llegarás a tu destino, aunque ni conozcas claramente cuál es,

lo único que cuenta es tu creación de cada día.

Compra tu billete y déjate llevar!!!

Caminar sin destino

Namaste

El mejor modo de iniciar un camino es olvidarse del destino, pero sin olvidar que “otro” siempre lo recuerda.

 

La Vida está en constante cambio, y el mejor de los modos para  estar atentos y receptivos a los movimientos de la Vida, es el camino de la  simplicidad.

Dejar el control, las seguridades… casi, casi  es convertirse en un ser necesitado de que otro vele por ti… mientras tú te dejas llevar sin destino, tan sólo escuchas en tu alma y en tu corazón, cual es el próximo paso que se te requiere  o hacia donde hoy enfocar tu mirada y tu intención.

Esto es un  estado de confianza y conexión total con lo divino.

Y en realidad lo que deseo transmitiros es que este estado, de conexión con lo divino, es la única forma posible de caminar sin perderse del verdadero propósito de tu vida.

 

No quiere decir que no hagas nada, haces y mucho, pero la cualidad de este estado de simplicidad, es que se  vive  desprendido de todo resultado, desnudo de todo juicio… en pleno estado de confianza de que llegarás a tu destino (aunque ni conozcas claramente cual es)  y con la esperanza de que el destino ya está llegando.

 

Se parece a comprar un billete de tren.

Una vez subes en el Ave, circulas  a toda velocidad, te olvidas de a dónde vas y te dedicas a disfrutar del   tiempo sin esfuerzo, en balde decimos,  que supone viajar.

Sabes que “otro” se encarga de conducir el tren y de elegir cual via conduce al destino.

 

Ahora imagínate la Tierra como tu nave espacial.

Has comprado un billete para subir a esta nave.

Viajas,  gracias a ella,  a través del Universo, y atraviesas espacios siderales a velocidades increíbles e incomprensibles  para tu mente.

¿Qué es lo único que puedes hacer? Dejarte llevar. El tren – la Tierra – no te necesita para moverse. Al contrario, tú te mueves gracias a ella.  

¿Qué hacer mientras tanto?

Ser feliz.

Lo mejor es saborear las pequeñas cosas de la Vida, las que parecen inútiles, las absurdas. Eso es un estado de felicidad.

Felicidad no es hacer para conseguir, sino simplemente hacer… porque mientras haces eres feliz haciendo. A esto se le llama crear.

 

No somos felices por crear lo que antes no existía, sino por descubrir lo que ya existía y pero que aun  no lo habíamos visto, descubierto  o experimentado.

Crear es una especie de exploración, un misterio desvelado.  

No importa demasiado cual es el resultado de nuestra  creación.

Crear algo que antes no existía es necesario para la autorrealización del Ser, pues en  la medida que descubres tu creación, te descubres a ti mismo.

Esta es la experiencia de cada uno de nosotros, y también es la experiencia de Dios.

 

Entonces ¿Qué es el destino?

El profundo objetivo o propósito del destino,   en realidad es siempre  desconocido.  El destino no es controlable,  no te pertenece.

Y es que el destino es un movimiento de creación donde nunca estas sólo, pues , como digo,  en lo que te sucede no sólo intervienes tú, pues tú sólo eres un participante más de la experiencia. El principal protagonista es la Vida.

Es la Vida (llámale Dios si quieres) quien convoca,  antes de que tomemos nuestras decisiones.

 

Si “sabes” que quieres ir de viaje a  Barcelona, es  la Vida quien está haciéndote sentir ese destino y también quien  está creando y ofreciéndote  esta posibilidad.

La oportunidad está siendo creada. Puedes decir “si” o “no”. Eso dependerá de la conexión que tengas con lo profundo de tu alma.

A mayor conexión, más recibes.  

 

Ese es el billete que te conduce a tu destino: la conexión con lo que está más allá de   ti mismo.

No  lo olvides.

 

Namaste

Lourdes Tornos Sales,  en la Tierra

Mariceli, entre la Tierra y el Cielo

Ommaiah, en el Cielo de Sirio

El Vacio y el Todo