La vida cambia constantemente.

Eso nos duele a veces. Otras nos da gran ilusión.

Necesitamos sentir y existir en un punto que no cambia,

el vacio y el amor interior.

Te explico modos de unirte a lo que no cambia.

La dificultad

Namaste

Decíamos que el único modo de caminar hacia nuestro destino,  es comprar un billete y dejarse llevar…

Hoy os hablo de las dificultades del viaje.

Uno de los movimientos de la vida que más nos cuesta aceptar es el cambio constante, la impermanencia y sus consecuencias: el desapego.

 

Sabemos que la  impermanencia es la forma en la que la Vida existe. Todo está en permanente cambio. La Vida se mueve y modifica constantemente, atrayendo las experiencias y relaciones adecuadas para nuestra evolución, es decir para poder avanzar en el camino  hacia nuestro destino.

Los tiempos  que ahora vivimos son  momentos de cambio radical, respecto a  los proyectos de Vida que en encarnaciones pasadas teníamos. Estamos en los tiempos de salto cuántico como humanidad, en los tiempos de la ascensión planetaria.

Y aunque nuestra mente no lo entienda, y desde luego mucho menos esté de acuerdo, el único modo de ascender es desprenderse – desnudarse- de todos las expectativas, creencias o propósitos antiguos.

Me encanta tener presente vidas que han cambiado radicalmente de un momento a otro:

El santo de Assisi, Franchesco, que cambió de nombre (antes su nombre era Giuseppe) y se quedó totalmente desnudo en la plaza del pueblo, renunciando a todo lo que poseía, a su herencia y a los condicionamientos familiares sobre lo que se esperaba de él ( le esperaba un futuro prometedor como comerciante de telas en su ciudad, heredando el prospero  negocio de su padre).

También es conocida la vida de Saulo de Tarso. En una experiencia mística poderosa, Saulo cayó de su cabalgadura  y quedó ciego.

En la ceguera, por fin pudo ver!!! (representado también en la película de Matrix III)

Saulo tambien cambió de nombre y pasó a ser Pablo, el gran  promotor del mensaje Crístico y de transformación humana, en la medida que su condición de vivir siglo I se lo permitía.

¿Qué podemos hacer?

Medita en la nada. Basta con entrar en un espacio de vacuidad, un espacio en blanco, sin destino, sin propósito, solo en resonancia con la Vida.

Escucha la Vida!!! Forma parte de la Vida!!!

 

Y me permito recomendarte que, si puedes,  medites en el espacio amoroso donde te fundes con Aquel que te conoce más que tú a ti mismo.

 

Crea un altar: una imagen de  tu Dios, una vela que ilumine tu alma, un incienso cuyo humo limpie tu mente, una flor que ofreces en señal de amor y gratitud…

Ritualiza su oración (orar en conversar y besar a Dios).

 

Medita en el amor que sientes por Aquel que esta mas allá de tu pequeño yo.

Medita  y da las gracias por poder unirte  al ser de Luz que te cuida y te acompaña, te da sabiduría, cuidados… al ser de Luz que tu eres en otra dimensión, o a otros seres de Luz que ames.

 

Medita y da las gracias por poder amarle.

Goza de ese amor que traspasa el alma y borra el pensamiento. 

Descansa en la Luz Divina. Déjate amar.

 

La devoción, el bakthi, los rezos y las oraciones, los cantos y sonidos a Dios, la madre Tierra o a la Luz… son puertas de conexión con lo que no es de este mundo.

 

Hoy te abro mi corazón y te comparto un rezo, mi rezo, sobre todo en épocas en las que las tareas  son muchas y el alma entra en ausencia, pues los pensamientos se apoderan de cada aliento.

Y como ves en un rezo, que recito en un lenguaje no habitual para  nuestros tiempos, necesito utilizar una lengua desusada, castellano antiguo, quizás porque de ese modo resueno con la gran maestra Teresa de Ávila, y en su compañía y su presencia, las lágrimas de la añoranza del amado brotan dulces en  la nostalgia del corazón.

Te pido mi Señor que me permitas amarte.

Te pido mi Señor que me permitas sentirte, tocarte, hundirme en ti.

Pues sin tus palabras son soy nada

y sin tu abrazo no existo.

¿Acaso el aire sabe de su existencia si no toca la tierra?

Así soy hoy mi Señor…

Apenas una brisa que te busca.

 

No te alejes de mi corazón,

permíteme entrar en tus aposentos.

 y vivir en  y para Ti.

¿Qué sueñas hacer de mí?

Quizás llores de gozo y de agradecimiento, de sentirte bendecido por poder unirte  y ser Uno con tan gran magnificencia.

Eso pido para ti, para todos.

Este es nuestro más íntimo destino, el que  no tiene ni principio ni fin, el que siempre existe. 

 

Namaste

Lourdes Tornos Sales,  en la Tierra

Mariceli, entre la Tierra y el Cielo

Ommaiah, en el Cielo de Sirio

El Vacio y el Todo